¿Cómo cocinar el caracol en la prehistoria?, ¿qué recetas de caracoles existían hace 30.000 años?, ¿qué buscaban nuestros antepasados prehistóricos en el caracol?

En la actualidad, entendemos nuestra alimentación como como una forma de obtener placer. Comer es un viaje a través de los sentidos del gusto, el olfato e, incluso, de la vista. La gastronomía constituye un verdadero arte y no hay celebración que se precie que no cuente con su copiosa comida. Variada en sabores, texturas, colores, procedencias, etc. 

¿POR QUÉ ELEGIMOS EL CARACOL COMO ALIMENTO?

Sin entrar en cuestiones de poder adquisitivo, por lo general, obtenemos los productos que comemos del mercado. Compramos nuestros alimentos y podemos elegir lo que más nos apetezca en cada momento.

Pero esto no siempre ha sido así. En los albores de la humanidad éramos oportunistas, cazadores y recolectores. En estas circunstancias, asumiendo nuestra fragilidad y debilidad de hace decenas de miles de años, es muy posible que los caracoles de la época fuesen un alimento fácil. Tienen todas las papeletas para haber sido una de las primeras fuentes de proteína de la humanidad.

Debemos tener en cuenta varias cosas. Por un lado, nuestros primeros antepasados no tenían nuestros prejuicios (sobre todo culturales) a la hora de decidir sobre la comida. Tampoco disponían de un gran abanico de posibilidades entre las que elegir.

Por otro lado, la facilidad a la hora de conseguir una fuente de alimento debió ser una de las razones más poderosas para consumirlo. De todos es sabido que los caracoles no se distinguen ni por sus altas velocidades de huida ni por su agresividad.

De la misma manera, es lógico pensar que los primeros homínidos repetirían en su alimentación con aquellas fuentes de alimentos que, además de todo lo anterior, fuesen nutritivas y de calidad. Es decir, que les aportasen nutrientes más difíciles de encontrar y con mayor valor proteico y calórico.

El caracol cumple con todo lo expuesto. Casi con toda seguridad, perteneció a los primeros grupos de alimentos que permitieron a los homínidos prehistóricos conseguir proteína de calidad en ese gran supermercado que es la naturaleza.

También parece lógico pensar que los caracoles terrestres eran mucho más accesibles que los marinos. Al menos los que se encuentran aguas adentro y no quedan accesibles con los vaivenes de las mareas. 

EL CARACOL EN LA PREHISTORIA

cocinar caracoles en la prehistoria

Todas estas suposiciones se materializan en varios yacimientos de principios del Paleolítico superior descubiertos en la cuenca mediterránea. En ellos se han encontrado evidencias de consumo de moluscos terrestres y marinos en poblaciones de hace más de 30.000 años.

Para ser más exactos, en el yacimiento arqueológico de la Cova de la Barriada (Benidorm, Alicante) se han encontrado restos de conchas de

Iberus Gualtieranus Alonensis (Serrana o Vaqueta). Estos ejemplares están datados en torno a 30.000 años de antigüedad. Las cantidades y su disposición hacen pensar que suponían un complemento a la dieta de los Homo Sapiens que poblaron esos parajes en aquella época.

COCINAR CARACOLES EN LA PREHISTORIA

El caracol encontrado es uno de los más apreciados en la actualidad. Considerado un auténtico manjar y muy escaso en nuestros días. Parece que hace 30.000 años ya era muy valorado. Debía ser más abundante y fácil de conseguir ya que los depósitos encontrados contienen grandes cantidades de restos.

Las conchas encontradas están perfectamente limpias, bien tratadas y seleccionadas. Solo se encuentran individuos adultos. Al parecer, cocinar caracoles en la prehistoria no era muy distinto de cocinar cualquier otro alimento. Los caracoles encontrados en la Cova de la Barriada fueron tostados o asados.

cocinar caracoles en la prehistoria

Todo apunta a que, no solo ya sabían cocinar caracoles en la prehistoria y comerlos con cierta soltura, también había una “estrategia de recolección”. Todas las conchas pertenecen a una misma especie y a individuos totalmente desarrollados, rebordeados y duros. Exactamente igual que los pediríamos hoy en día en el mejor restaurante. Es decir, conocían el caracol y lo utilizaban en la dieta no solo como recurso de urgencia.

Las fechas otorgadas a las conchas de este yacimiento están entre 31.300 y 26.900 años. Esto supone un adelanto de unos 10.000 años en el consumo de caracol en los pobladores prehistóricos del Mediterráneo. Se tenía constancia de restos en yacimientos del Norte de África de hace unos 20.000 años y otros yacimientos a lo largo del Mediterráneo con fechas parecidas.

CUANDO SE «POPULARIZA» EL CONSUMO DE CARACOL

En la imagen pueden verse algunos de los yacimientos más importantes a la hora de estudiar el consumo de caracoles terrestres en la prehistoria: Nerja (Málaga), Italia, Grecia, Norte de Marruecos, libia y Oriente Medio. Si bien hay constancia de más de ocho en la Península Itálica y Sicilia, siete en Europa del Este, 4 en Grecia y sus islas, varios en el Norte de África y uno en Portugal. También se puede hablar de “zonas calientes” en lo que al consumo de caracoles se refiere en el Sur de Francia y Pirineos, Túnez y Croacia. Toda esta influencia geográfica tendrá continuidad en épocas posteriores.

yacimientos de caracoles en la prehistoria

Así pues, seguimos sin conocer con exactitud en qué momento incorporamos los caracoles terrestres a nuestra dieta. Lo que si está claro es que ya en el Pleistoceno superior temprano (hace unos 30.000 años) se conocían y “explotaban racionalmente” como recurso alimenticio. Su consumo se podía considerar, en cierto modo, generalizado a finales del Pleistoceno (hace unos 20.000 años) y supusieron un consumo muy frecuente en el Holoceno inicial (hace 10.000 años). 

También podemos asegurar que no se trataba de algo puntual de un enclave geográfico concreto. La aparición de restos que evidencian su consumo es habitual en toda la cuenca Mediterránea y algunas zonas del interior de Europa.

Por lo tanto, los caracoles terrestres constituyen un recurso alimenticio constante en la dieta de los homínidos desde hace más de 30.000 años, sin conocer con exactitud las fechas aproximadas de los primeros consumos. 

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